Palabras pronunciadas por la Dra. María Teresa Franco
Mtro. Sergio Vela
Presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes;
Dr. Gerardo Estrada
Coordinador de Difusión Cultural de la Universidad Nacional Autónoma de México;
Lic. Héctor Rivero Borrell
Director del Museo Franz Mayer;
Lic. José Antonio Alonso Espinosa Yglesias;
Presidente de la Fundación Amparo
Señoras y señores, muy buenas tardes.
Recordar el legado de una mujer como Ángeles Espinosa Yglesias, es hacer el recuento de una vida dedicada al servicio, de una fuerte convicción en los vínculos comunitarios y del compromiso por hacer de la educación y las artes el núcleo de una obra con vocación de trascendencia.
Mujer de negocios, filántropa y benefactora, estamos frente a la figura de quien supo dejar huella en el mundo a través del desarrollo de otros. Con la certeza de que el mejor camino para el progreso es el de la cultura, Ángeles Espinosa Yglesias logró conjuntar los esfuerzos de un puñado de personas que comulgaron con sus ideas.
Fiel a la idea de José Vasconcelos, de que la “cultura engendra progreso y sin ella no cabe exigir de los pueblos ninguna conducta moral”, a la señora Espinosa Yglesias le debemos, además de la Fundación y el Museo Amparo, la remodelación y rescate de innumerables piezas de nuestro patrimonio, como las catedrales de Puebla y Tehuacán, el Mercado de la Victoria, el Teatro Principal y los templos de san Agustín y la Compañía.
En el ámbito académico, es necesario mencionar su destacada participación como consejera del Centro David Rockefeller para Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Harvard; el apoyo a proyectos de investigación de la Universidad Nacional Autónoma de México y del Instituto Nacional de Antropología e Historia; la promoción de una investigación exhaustiva sobre el Códice Cuauhtinchan número 2, próxima a publicarse; así como diversas conferencias en torno a nuevas tecnologías, las artes y el papel educativo de los museos.
Esta tarde nos hemos reunido para recordar a Ángeles Espinosa Yglesias Rugarcía, a poco menos de dos meses de su fallecimiento, para valorar la importancia de su legado y reconocer sus generosas aportaciones a la cultura. Su nombre es sinónimo de tesón y entrega a lo que siempre consideró las causas más nobles de la sociedad mexicana. Por eso, cuando pienso en ella como una mujer que supo trascender a través de lo que más amaba, recuerdo las palabras de André Malraux –y cito- “la cultura es lo que, en la muerte, continúa siendo la vida”.
Muchas Gracias.
Dra. María Teresa Franco
Directora General del Instituto Nacional de Bellas Artes
1° de diciembre de 2007